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Presentar a Mr. Bratto es para mí todo un honor y sobre todo una tarea casi imposible hacerlo en pocas líneas.

De todos es conocida la labor de este asturiano de nacimiento en múltiples campos: músico y fundador de varios conjuntos musicales (siendo los Ass Draggers todavía a fecha de hoy el único grupo de aquí que ha salido en Crypt Records), dibujante, editor de fanzines, maestro de ceremonias en grandes eventos musicales como el Funtastic  y, en definitiva, un agitador cultural en toda su extensión. Va dejando una profunda huella allá por donde pasa. Su última estancia de varios años antes de trasladarse recientemente a Barcelona fue en Madrid, donde desde agosto de 2011 regentó con su media naranja un garito en pleno corazón de Malasaña, que se acabaría convirtiendo en referencia y visita obligada para todos los que estamos metidos en este mundillo: El Weirdo Bar. Muchos hemos sido los que hemos puesto allí nuestros discos y música, nos hemos sentido como en nuestra segunda casa, nos hemos reído y disfrutado a tope. Semana tras semana nos iba deleitando con unos gloriosos y descacharrantes carteles acompañados de unos hilarantes textos que deberían formar parte de un museo o, como poco, de un libro. Precisamente ahí es donde pudo explayarse más como pinchadiscos, siendo sus sesiones de lo más variadas:  Instrumentales tittyshakers al estilo de los recopilatorios Frolic Diner y similares, Rock’ n’ Roll gamberro, sonidos negros de Rhythm and Blues y Soul (pero nada de algunos de esos temas blanditos y aburridos de cierto Northern Soul), sus queridos Raunch Hands o Devil Dogs, por supuesto una buena ración de Punk y más sonidos que a mí se me escapan, por lo que lo mejor es asistir, sentirlo y bailarlo uno mismo en directo. Te queremos, Brattini.  Ya te echamos de menos.

David Bongusto

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